Revolución griega

Por todos son conocidas las protestas que están teniendo lugar en Grecia. La cuna de la democracia lleva años luchando por alcanzar una democracia real que ha sido salvajemente violada en un mundo occidental que gusta presumir de espíritu democrático, liberal y férreo defensor de los derechos humanos, un mundo que nos ha demostrado cómo crecía en hipocresía a cada paso que daba. Sin embargo no ha sido hasa que ha comenzado nuestra propia revolución en España que nos hemos dado cuenta del alcance de los problemas griegos, los cuales son también de toda Europa y son también los nuestros. Los griegos llevan años en la calle, pero no ha sido hasta que les hemos seguido que los medios han comenzado a informarnos de sus protestas, del mismo modo que no se habló de la revolución islandesa en nuestros medios de comunicación hasta hace escasos meses.

Nos han enseñado, como de costumbre, unas imágenes de las protestas griegas muy poco objetivas, centrándose ante todo en retransmitirnos las imágenes de los grupos más violentos lanzando cócteles molotov a la policía. Casi no nos han hablado de cómo actúan ahí las fuerzas de seguridad del estado, y sobre todo, cómo han sido pisoteados sus derechos para que no les falten ganas ni razones para querer asaltar el Parlamento.

Los griegos, además de haber tenido que sufrir las reformas más estrictas de Europa, han tenido que padecer la violencia de un estado policial en sus propias carnes al salir a la calle ejerciendo su derecho a protestar día a día. El uso abusivo de los gases lacrimógenos se saldó el pasado 29 de junio con más de 700 personas que necesitaron asistencia médica debido a problemas respiratorios, un excesivo uso del gas que Amnistía Internacional ya ha denunciado, junto con la violenta carga policial. A parte, 43 personas fueron detenidas. A diferencia de nuestras manifestaciones a las que asistimos con la misma indumentaria con la que vamos por la calle, para los griegos es ya común llevar encima una máscara antigás, además de un casco para evitar lesiones en la cabeza debido a el uso de balas de goma por parte de la policía, y unos golpes de porra completamente indiscriminados.

Por si no fuera suficiente, hemos escuchando cómo Europa ha planteado sacar a Grecia de la Unión Europea para no tener que lidiar con su crisis, mostrando el rostro menos humanos y más interesado que cabe esperar de un sistema que sólo vela por los intereses de unos pocos desgraciados que carecen por completo de escrúpulos y que viven el sueño americano a base de pisotear a todos sus compatriotas. Después de todo este circo, después de haber empobrecido la vida de los ciudadanos de a pie hasta límites vergonzosos, todavía ha seguido Grecia adelante con el plan de austeridad, el cual funciona a base de recortar derechos y libertades básicas, como la realización de duros recortes salariales, tanto en quienes trabajan como en los que ya están jubilados, más facilidad para realizar despidos con una indemnización menor a la actual y una subida del IVA que lo sitúa en el 23%, siendo esta subida del 10% en alcohol, tabaco y gasolina. Se ha aumentado también la edad de jubilación, esa fantástica idea que nos están imponiendo a los miembros de la Unión, los cuales tienen unas tasas desorbitadas de paro juvenil. La Unión Europea (o mejor dicho, Alemania, indiscutible jefa y líder europea por mucho que quieran hablar de democracia) ha celebrado, junto con los demás países miembros, la decisión por parte del Parlamento griego de acogerse al plan de austeridad, recordándonos que nuestros derechos son en su agenda política algo que no tiene cabida.

¿Cómo se supone que debe actuar alguien cuando es privado de parte de su sueldo, sufre la amenaza constante del despido y ve elevados los precios de los productos mientras unos personajillos que se dicen sus representantes ganan un dinero que él no puede ni imaginarse tener, a costa de seguir empobreciéndole? ¿Cómo se supone que debe soportar alguien el ver que sus hijos están siendo condenados de antemano mientras sus políticos sonríen a cámara pactando con banqueros y grandes empresas que sólo velan por sus intereses? A nosotros nos quieren vender que quienes protestamos a día de hoy somos terroristas, pero los verdaderos terroristas, queridos amigos, son nuestros políticos.

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