La pseudodemocracia y la verdadera democracia

Un hecho catastrófico para la democracia de hoy en día es la creciente incidencia de las grandes empresas, los grandes grupos de capital y los lobbies, en la maquinaria de los partidos políticos, en la elección de candidatos y en las decisiones de los políticos. Es bien conocida la práctica del lobbying o cabildeo que, popularizada en la democracia norteamericana, se extiende cada vez más por las democracias del mundo adoptando diversas formas.

Los sistemas de financiación de los partidos y candidaturas políticas en muchos países comprometen seriamente la imparcialidad y la integridad de los políticos y de altos cargos del Estado ante la tácita obligación de pagar favores millonarios recibidos a lo largo de su ascenso político.

Esto ha llevado una situación en la que, en no pocos países, a los ciudadanos no se les da otra opción que la de elegir entre candidatos previamente aprobados o incluso directamente impuestos por grupos minoritarios de poder político y económico a través de influencias y presiones ejercidas sobre los partidos políticos. La democracia así practicada no es más que un simulacro y un triste remedo de sí misma. Estamos ante una farsa que hace creer engañosamente a los pueblos que éstos eligen a sus líderes, cuando la realidad es que todo el sistema está manipulado para que el pueblo solo pueda limitarse a sancionar las elecciones que otros ya han efectuado.

Nos hallamos ante una pseudodemocracia, una falsa democracia que combinada con la prosperidad y el consumismo de las naciones ricas no ha sido ni más ni menos que una droga política que ha adormecido la conciencia de los pueblos, haciéndoles creer ingenuamente que gozan del privilegio de vivir bajo el mejor de los sistemas. Pero por suerte o por desgracia la actuación de los sistemas financieros y de los políticos durante las recientes crisis económicas mundiales ha venido a despertar a algunos del letargo.

Una verdadera democracia debería aportar a sus ciudadanos como mínimo las siguientes garantías de parte de candidatos y Administración:

1. Antecedentes morales de integridad, lealtad y honradez política y administrativa de los candidatos. Normalmente para todo puesto de responsabilidad en la empresa privada y pública se requiere pasar una verificación de antecedentes. Un candidato con antecedentes malos o simplemente dudosos es automáticamente descalificado. Platón escribió que la más elevada actividad a la que se puede dedicar un hombre es la política; ¿Por qué habría de exigirse menos de un candidato a un alto cargo político o administrativo que de alguien que aspira a un cargo privado?

2. Conocimientos mínimos adecuados al cargo por parte de los candidatos. Así como para cualquier cargo se requiere un curriculum y una experiencia mínima, los ciudadanos deben tener la garantía de que todo candidato ostenta unas condiciones mínimas de conocimiento intelectual, habilidad política y administrativa adecuadas al cargo al que se aspira. Tal como en muchos países existe una carrera diplomática, debería exigirse una carrera política para poder aspirar a una candidatura.

3. Independencia por parte de los candidatos de cualesquiera intereses de grupos o individuos diferentes al bien común de los ciudadanos y del provecho del país y de la humanidad. Todo candidato debe estar comprometido en exclusiva con su ciudadanía y con toda la humanidad en su conjunto. Nunca con intereses particulares. El bien común debe primar incluso sobre los intereses de partido.

4. Un programa de gobierno firmado y publicado, accesible y verificable por toda la ciudadanía del que se deba rendir cuenta durante el ejercicio y cuyos cambios y/u omisiones se deban justificar formalmente ante el electorado.

5. Un sistema de auditoría de gobierno que exija el cumplimiento de los compromisos electorales y permita la remoción del funcionario de su cargo en caso de incumplimiento no justificado o de indicios claros de corrupción. Y no se trata de la auditoría retórica, oportunista, interesada y vindicativa que suelen ejercer los partidos de oposición, sino a una auditoría independiente, imparcial y pública, gestionada por organizaciones ciudadanas supra-políticas e independientes, también elegidas por votación popular.

Si se aceptan estos puntos como principios que debería cumplir una democracia para que sea considerada como tal; estamos ante un replanteamiento de la mayoría de las democracias del mundo ya que pocas cumplen con tan solo algunos de estos puntos y no es muy aventurado afirmar que ninguna de las democracias del mundo los satisface en su totalidad.

2 Responses to La pseudodemocracia y la verdadera democracia

  1. asics singapore online

  2. Anónimo dice:

    Si señor, mas claro agua…

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