Las Cucarachas y el Otoño

Faltan diez días. Diez días de tensa espera; diez días en los cuales nos prepararemos. Diez días en los cuales los medios querrán desprestigiarnos antes de salir a las calles. Nos llamarán de todo, como vienen haciendo siempre, empleando su colección inagotable de adjetivos calificativos y locuciones propias del pasado más rancio, de la propaganda más lamentable y casposa.

Y esto no sólo en nuestro país; dentro de diez días gran parte del mundo alzará una vez más su voz contra los gobiernos y el complejo sistema en el que los políticos viven cual amebas, fagocitando lo que les interesa para su propio beneficio.

El 15 de Octubre , Día de las Mujeres Rurales, del nacimiento de Virgilio y Michel Foucault, de la legalización en 1989 del Congreso Nacional Africano liderado por Nelson Mandela, tendrá un evento más para la Historia que muchos de nosotros estamos escribiendo. En un año de movilizaciones en países de culturas diferentes, las voces de los ciudadanos expresarán su malestar y descontento, pues la similitud es el desprecio de los gobernantes hacia sus ciudadanos. Recordaremos muchísimos momentos, sucedidos en Túnez y Egipto, Grecia y Portugal, Syria y Yemen, Bahrein, los atropellos sufridos en París de la marcha indignada, los detenidos (todos: nuestros compañeros de Anonymous en España y en el resto del mundo, los detenidos en la #greekrevolution, los manifestantes Barcelona en #tomalabolsa, los de las marchas indignadas y todos los que sufrieron represión policial durante el mes de mayo, los 700 de la marcha en el Puente de Brooklyn y en #OccupyWallStreet) y, sobre todo, todos aquellos ciudadanos que lucharon por un mundo mejor y que han fallecido, bien por represión policial, bien por represión del ejército, bien por un gobierno negligente.

El pasado mes de septiembre tuvieron lugar dos eventos que harán del 15 de Octubre una fecha para recordar, a saber: el movimiento #OccupyWallStreet y la huelga de los profesores en España en la #mareaverde. Los eventos son singulares por muchos motivos:

1) Se adoptan modos de actuación del movimiento #15M y de la Primavera Árabe en EEUU -> Aunque la represión policial es dura y las detenciones numerosas, el movimiento que empezó en el parque Zucotti de NY, se ha trasladado por todo el país en ciudades como San Francisco, Los Ángeles, Chicago y Nueva Orleans, entre otras ciudades. Además también ha llegado a Canadá. El impacto que supone que ciudadanos del supuesto país más poderoso del primer mundo salgan a la calle es grande, sobre todo cuando es apoyado por intelectuales de la talla de Noam Chomsky y por expertos sociólogos.

2) Cuando hay censura y silencio informativo, es que tienen miedo -> La censura, aunque a veces velada y difusa desgraciadamente existe.  En España, los medios tardaron varios días en escribir y hablar sobre la situación en Nueva York, y cuando lo hicieron fue de manera breve y superficial a pesar de que gran parte de los medios tiene presencia en Twitter. Es la muestra del temor por parte de los gobiernos; a la masa cuando se moviliza se la tiene que controlar a base de poca información sobre algo importante y a la vez hablar mucho sobre cuestiones banales y carentes de relevancia.

3) Las movilizaciones de los profesores, muestra de la situación educativa en España -> Ya hablamos una vez sobre este asunto. Aunque no nos hayamos dejado ver en las movilizaciones de la #mareaverde, nos parece loable y un buen ejemplo el que los profesores se movilicen y muestren su repulsa cuando un gobierno pone trabas y límites a la educación y formación.

Pero esto es pasado, nos dirán. La memoria está para algo y en estas lides es la mejor consejera, por lo que preferimos responder. Porque los políticos, afortunadamente tienen algo positivo: la boca muy grande y un silencio que nunca emplean. Recordemos que el PPSOE está más unido que nunca. Y que no vale condenar a uno si no se condena al otro, porque no son primos lejanos; son tan cercanos que parece que practican el incesto verbal en la intimidad. Son como Tweedledum y Tweedledee, bien hermosos, se quieren y odian al mismo tiempo y discuten por algo que ambos desean. El poder partidista es bicéfalo, aunque en la sombra es como una Hidra: mientras que uno ataca otro se repliega para devolver el ataque y después el otro tiende su mano para hacer las paces, porque ancha es Castilla. Y las hacen, junto con carantoñas y muestras de cariño. No hay nada mejor que tener un bono de descuento cuando las cosas pintan mal.

Por eso y mucho más, recordemos (para ir terminando) a un enemigo loco por incordiar y que lanza pan de higo, pero siempre agradecido. Pero antes de tocar en solitario, rasgaba la guitarra en un Leño. Más madera se titulaba el disco. Justo lo que hace falta ahora.  Así que, retomando el inicio del post, dedicamos esta soberbia canción a todas las cucarachas que siguen infestando el mundo.

Este #15O, allá donde estés, en el norte o en el sur, en el este o en el oeste… EXPECT US!

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Hacia una reforma de la Democracia #1

Reformas que persigue la #spanishrevolution

La democracia se considera el paradigma incuestionable de la forma de gobierno legal y aceptable. Quizá el único inconveniente serio que se le achaca radica en lo engorroso de sus procesos electorales que según algunos la convierten en la “menos mala” de las formas de gobierno. Pero casi nadie se atreve a cuestionar si los métodos comúnmente aceptados en las democracias actuales son realmente democráticos o no. Comparativamente pocas personas, a pesar del descontento casi universal que existe hacia los gobiernos actuales, se preguntan si lo que tenemos es realmente democracia o no.

Es así como hoy por hoy, en cuanto se denuncian irregularidades o atropellos en un país no democrático, el clamor general de los intelectuales, los políticos, la prensa y el público en general es por la instauración de la democracia en el país en cuestión. Cosa deseable, por supuesto, ya que en general se puede afirmar que es mejor una mala democracia que una dictadura (aunque hoy existen algunas democracias y seudo-democracias en cuyo caso esa afirmación también sería cuestionable). Y generalmente se da por sentado que la solución a problemas como la opresión, la corrupción, la pobreza extrema o el caos social estriba sin más en el establecimiento de un gobierno democrático. Una vez lograda esta meta, se asume que todo mejorará gracias a la democracia. Sin embargo muchas de las democracias actuales son una evidencia de la limitada veracidad de tales asunciones.

La mayoría de las Constituciones llamadas democráticas del presente proclaman como principio básico el que La soberanía reside en el pueblo. Sin embargo, una mera observación superficial pero honrada demuestra que tal cosa nunca ha sido una realidad en la historia. Las noticias que a diario se pueden ver en la prensa política de casi cualquier país democrático evidencian que la democracia que practicamos adolece de infinidad de fallos que no se pueden achacar de forma simplista a la mera falibilidad humana ni a lo engorroso del proceso de votación, única forma actualmente viable de consultar a los ciudadanos, sino más bien a la completa ineficacia de los sistemas que utilizamos para elegir y reemplazar a nuestros líderes políticos y a la chapucera y sibilina estructuración de los poderes y administraciones que al final deriva, ni más ni menos, que en el secuestro de la soberanía del pueblo por parte de las clases políticas y del poder económico. En realidad, tras más de dos milenos, no nos hemos alejado demasiado de la plutocracia y oligarquía de los tiempos de las llamadas democracias de Grecia y Roma.

La mayoría de los sistemas democráticos actuales están permitiendo y auspiciando que a su sombra prosperen y se perpetúen en sus cargos líderes ineptos, corruptos e incluso perversos sin que sus ciudadanos dispongan de medios legales para deshacerse de ellos deponiéndoles de sus cargos. En muchos países se da el caso de que los líderes de las diversas facciones políticas legales ostentan muchas cualidades absolutamente indeseables para un gobernante, con la consecuencia de que los impotentes ciudadanos se ven obligados a elegir entre unas pocas opciones, todas ellas de alguna manera nefastas para ellos y para su país o región. A veces incluso se da la aberrante situación de que políticos que se enfrentan a graves causas judiciales o se encuentran bajo seria sospecha de actuaciones ilegales e incluso criminales, continúan siendo bandera de sus partidos gracias a que ostentan un enorme poder, controlan los medios de comunicación o están sustentados por poderosos grupos económicos a cambio de posteriores favores.

Un sistema así, aunque se llame democrático no es muy diferente de una dictadura y ha fracasado en el cumplimiento de las dos primeras premisas de la democracia, a saber: que el pueblo en última instancia detenta el poder y que el pueblo elige libremente a sus gobernantes.

Si examinamos el presente y la historia de la democracia en el mundo, desde los tiempos de la república romana, nos encontramos con toda suerte de trapicheos, corruptelas, manejos oscuros, manipulaciones de los poderes y de las leyes, etc., etc. En resumen, una inmensa panoplia de perversiones políticas realizadas al amparo del llamado “contrato social” por el cual la mayoría de los ciudadanos otorga poder a unos pocos, poder que muy a menudo estos últimos utilizan en beneficio propio o en el de los grupos de poder que les han encumbrado. Esto ocurre a menudo de forma soterrada pero incluso en ocasiones sucede con completo descaro, a la vista de la prensa y del público y en claro perjuicio del país y de los ciudadanos.

Una cosa que resulta sorprendente al leer sobre la historia de la república romana es el descubrimiento de lo poco que ha cambiado la forma de hacer política durante los pasados 2.500 años. Si hacemos una comparación entre los manejos políticos, la forma de legislar, la forma de aplicar las leyes y la gestión de los bienes públicos desde la época de la república romana hasta los tiempos actuales encontraremos tantas analogías que se nos lleva a concluir que a pesar de los avances de nuestras legislaciones modernas basadas en cartas constitucionales apoyadas en declaraciones de derechos humanos y a la existencia de una legislación internacional, la humanidad apenas ha mejorado desde entonces en la forma de gobernar y administrar a los pueblos. Aparte de algunos métodos y formas, nada esencial ha cambiado. Y desde luego, el avance sociopolítico que se ha conseguido con todo esto no ha ido en absoluto al ritmo de los avances en otros campos del saber humano, léase: ciencia, tecnología, historia, o arte, para citar solo algunos.

El contrato social legitimado mediante las elecciones democráticas ha llegado a ser uno de los pocos contratos en los que una parte (los ciudadanos) permanece obligada por toda la duración del período electoral, pero la otra (los gobernantes) tienen manga ancha para actuar ineficazmente e incumplir promesas, cuando no incluso para mentir, engañar, tergiversar y malversar, muchas veces impunemente, a la vez que casi siempre conservan sus cargos a pesar de su cuando menos evidente ineptitud, por no hablar de la completa falta de honradez y corrupción que se observa en los peores casos.

A la aparente lasitud de los intelectuales y políticos en el ejercicio de buscar una mejora continua y sustancial de los sistemas llamados democráticos se ha sumado el enorme poder de los medios de comunicación que a menudo se han convertido en eficaz herramienta de partidos, de grupos de poder y de gobiernos mediante el filtrado o incluso el completo control de la información que llega a los ciudadanos. En algunas democracias, incluso en aquellas consideradas avanzadas, el control de la información manejada por los medios, en manos de inmensos y omnipresentes poderes fácticos afines a un partido u otro, lleva a la situación de que la información recibida por la mayoría de los ciudadanos está tan filtrada y polarizada que es muy difícil para éstos el hacerse una idea clara de la realidad y menos aun adoptar una postura crítica y cabalmente informada sobre lo que ocurre o sobre el sistema en general.

Paradójicamente, la tecnología y las comunicaciones de hoy posibilitarían que el ciudadano de a pie participara mucho más ampliamente en los procesos de gobierno a un coste comparativamente muy bajo. Sin embargo, no se ve casi en ninguna parte que los gobiernos estén mínimamente interesados en aplicar en modo alguno las cacareadas bendiciones de la tecnología para que los ciudadanos realmente dispongan de más voz y voto en las decisiones que les atañen. A pesar de las declaraciones de derechos humanos reconocidos en los pasados cuatro siglos al precio de mucha sangre sudor y lágrimas, aparte del sufragio popular que como veremos es vulnerable a los resortes de los grandes poderes de la actualidad, las armas del ciudadano de a pie siguen siendo las que han existido siempre: la justicia, generalmente lenta, ineficaz, e incluso a veces manipulada, partidista y parcial; las manifestaciones, las huelgas, la desobediencia civil y, en última instancia, la rebelión popular abierta y violenta.

Por último, la misma tecnología se cierne como una peligrosa amenaza para el ejercicio de la democracia. La creciente capacidad de almacenamiento, manejo y gestión de la información por parte de los avanzados sistemas de proceso de datos existentes, exponen a los ciudadanos al almacenamiento y al uso abusivo y autoritario del conocimiento acerca de sus vidas, preferencias, creencias, costumbres y necesidades por parte de los poderes fácticos del mundo, sean estos empresas, grupos ideológicos, políticos, organismos de seguridad nacional etc., e incluso por los mismos gobiernos elegidos para proteger y defender sus intereses.

En resumidas cuentas, lo que vemos en la mayoría de las democracias más grandes y avanzadas de hoy mueve a uno a preguntarse si esta es la democracia que queremos, si esto es todo lo que cabe esperar de ella y si podemos con buena conciencia recomendar nuestro estilo democrático a otros que aún no disponen de las bendiciones de la democracia.

Creemos que ha llegado el momento de replantearse la democracia que ejercemos, no con el ánimo de cuestionar la democracia misma como premisa o como conjunto de principios, sino con el de revisar los métodos y las prácticas que utilizamos para el ejercicio de la democracia a fin de que se mejore el cumplimiento de los principios inherentes a ella. Es tiempo de avanzar hacia sistemas democráticos que realmente otorguen la soberanía al pueblo y que moderen el enorme poder que ahora detentan las grandes empresas, los grupos económicos, los partidos políticos, los medios de comunicación e incluso los mismísimos gobiernos legal y democráticamente constituidos.

Anonymous en el 15M